Motivación para empezar una vida sana

Hoy, y para empezar bien el día, os traemos nuevo post de nuestra Psicóloga favorita, Patricia Ramirez. Pincha sobre su nombre para saber más sobre ella.

“Mañana empiezo, bueno, mejor el lunes. No, no, igual a principios de año, que ahora ya estamos en noviembre. O quizás cuando pasen estos días de cumpleaños y fiestas. O mejor lo dejo para cuando encuentre un momento tranquilo en mi vida”.

Todas nos hemos identificado con estas excusas, porque todos hemos atravesado momentos en los que no encontrábamos la motivación suficiente para hacer lo que queríamos hacer. Y ello nos llevaba a estar en bucle. No haces lo que te propones, esto te hace sentir mal, te vienes abajo, te machacas pensando que no eres capaz de hacer lo que otras personas sí hacen, te dedicas a hablar mal de ti y compararte, sufrir, sufrir y sufrir y todo esto todavía disminuye más tu motivación por el cambio.

Tener motivación realmente es tener un motivo, algo que sea capaz de hacerte superar la fuerza de voluntad. Cuando ves a gente que hace deporte, que organiza su tiempo, que controla el impulso para no picar continuamente comida insana, también ves a gente prudente, madura, capaz de gestionar su vida con coherencia y responsabilidad. Deseas poder hacer lo mismo pero no encuentras el momento. Y la vida pasa, y tú te ves en el mismo punto, dejando escapar las oportunidades de tener una vida más plena y saludable.

Es el momento de actuar con decisión y determinación. No estás tan perdida. Sabes lo que quieres, pero te falta el cómo conseguirlo. A ver si entre todos nos echamos una manita para lograrlo.

Busca cambios que tengan sentido para ti, no que se basen en el sentido que encuentran otras personas. La gente te dirá “mujer, hacer ejercicio te fortalece los huesos, fijas el calcio, pierdes peso, te sientes mejor”, pero puede que ninguno de estos motivos tiren de ti. Busca el tuyo. ¿Por qué y para qué quiero empezar a practicar deporte o comer de forma distinta? Recuerdo una paciente una vez que empezó a trabajar la fuerza solo por fortalecer la parte inferior del bíceps, que al saludar y levantar el brazo, le colgaba. Decía que no le gustaba “el pellejo” y ahí encontró el sentido. Una vez que inició su trabajo de fuerza, se enganchó a seguir haciendo otros ejercicios. Hay personas que encontrarían este motivo una frivolidad, pero para ella es el suyo.

1. Haz una lista atractiva de todo lo pendiente. Puedes coger una cartulina y poner en el centro de ella lo que al final te gustaría alcanzar e ir haciendo un mapa o un collage con todos los pasos que vayas dando. Corta, pega, anota frases, comentarios, tuiters, todo lo que te motive y que te ayude a acercarte a tu objetivo. Hay listas aburridísimas que solo de verlas dan pereza, y otras listas divertidas, personalizadas, con colores, pegatinas, fosforitos que da gusto leerlas y trabajar con ellas.

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2. De la lista, empieza solo por un cambio. Querer cambiar muchas cosas de golpe puede agobiarte y hacer que tires la toalla. Date cuenta de que un cambio en tu vida supone entrenamiento, prestar atención y salir de tu zona de confort. Así que los cambios conllevan convivir con emociones como la incertidumbre, el miedo y la frustración. Por eso es mejor no querer cambiar todo a la vez. Elige uno, entrena, repite, asegura, coge confianza, refuérzate y cuando se haya convertido en un hábito, pasa al siguiente.

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3. Márcate un cambio medianamente ambicioso y exigente. El cambio tiene que ser un poquito ambicioso, centrado en lo que depende de ti, pero no puede generarte unas expectativas tan altas como para que genere frustración. Si por el contrario te marcas un objetivo demasiado fácil y asequible, te despistarás, pensarás que es tan sencillo que puedes “meter la pata” de vez en cuando, porque en cuanto te lo propongas y dada su facilidad, lo conseguirás. Lo fácil desmotiva.

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4. Cuando decides hacer algo nuevo, como no forma parte de tu rutina, tiendes a olvidarlo. Nos pasa a todos. Lo que no está escrito y visible, no existe. Incorpora el cambio de hábito a tu agenda, subráyalo con fosforito, póntelo en el fondo de pantalla del móvil, pon post-it por la casa con el mensaje que quieras remarcar, lo que sea con tal de no olvidarlo.

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5. Dale tiempo al cambio. Si llevas toda la vida comiendo de forma desorganizada, a destiempo y sin controlarte, no pretendas hacerlo de un día para otro. Los cambios requieren una media de 66 días para convertirlos en hábitos. Y eso siempre y cuando seas constante y entrenes a diario. Tranquila, tienes toda la vida para conseguirlo, pero empieza HOY.

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6. Valora cada cambio. Si has pensado en prepararte una media maratón, no esperes a sentirte orgullosa cuando estés preparada para correrla. Valorar tu primer entreno, tus agujetas, tu esfuerzo y sentirte bien, hará que afiances el cambio y que sientas que todo vale la pena. Ser capaz de no picar una mañana a pesar de que peques por la tarde es más que haber picado todo el día. Si valoras los logros harás que el pasito tenga sentido y querrás tener más pasitos en tu vida.

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7. Trátate de forma amable. Tenlo claro, serás incapaz, igual que yo y toda hija de vecina, de conseguir el cambio sin cometer errores. Así que asumir que esto va a pasar y aceptarlo te dejará más tranquila. Cuando un día falles a tu entrenamiento, o te olvides de hidratar tu piel o te dé pereza hacerlo, no te maltrates “ves, eres incapaz, a la primera de cambio te olvidas”. El machaque hará que te sientas mal, y esto a que rompas más las normas que te has puesto. Anímate como animarías a una amiga “venga reina, mañana más y mejor, que tú puedes, que lo sé yo”.

 



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